martes, 6 de junio de 2017

Su voz se contonea...

Por unos segundos, todo es lastre, falta de aire y lágrimas secas en una casona por la que deambulan una niña, una joven y una anciana. Antes de que el ensimismamiento las invada para siempre, Gabriela Duyos (voz, letra y música) sube el tono de Todo se enciende para anunciar el arribo apremiante de la luz, del consuelo, de los nuevos brotes de vida. Su voz se contonea dulcemente con la firmeza de las mujeres de vulnerabilidad de hierro que conocen los días en los que el interruptor queda lejos del piso. Las guitarras se suman a la celebración y se aceleran mientras que ellas recuerdan cómo reír, cómo correr, cómo brillar. Beatriz Rubio. Boston. Junio de 2017

lunes, 13 de febrero de 2017

Intercambio de escondites

"El deseo sexual, si es recíproco, origina un complot de dos personas que hace frente al resto de los complots que hay en el mundo. Es una conspiración de dos. El plan es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo. No la felicidad sino un descanso físico ante la enorme responsabilidad de los cuerpos hacia el dolor. En todo deseo hay tanta compasión como apetito. Sea cual sea la proporción, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo. El deseo anhela proteger al cuerpo deseado de la tragedia que encarna y, lo que es más, se cree capaz. La conspiración consiste en crear juntos un espacio, un lugar, necesariamente temporal, para eximirse de la herida incurable de la carne. Ese lugar es el interior del otro cuerpo. La conspiración consiste en deslizarse al interior del otro, allí donde no se les pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites”. John Berger.